MEJORES FOTOGRAFOS DEL MUNDO, MAESTROS DE LA FOTOGRAFÍA: Robert Doisneau

Publicado: abril 14, 2012 en LOS MEJORES FOTOGRAFOS DEL MUNDO, MAESTROS DE LA FOTOGRAFÍA

Nacido en Gentilly, cerca de París, el 14 de abril de 1912, Robert Doisneau, pasa su niñez y adolescencia en un suburbio parisiense. Comienza a realizar sus primeras fotografías, aprendiendo de forma autodidacta y leyendo las instrucciones de las cajas de emulsión para revelar. A los 13 años, ingresa en una escuela de artes y oficios, donde es formado como grabador y litógrafo, oficio en decadencia que Doisneau consideraba poco creativo. Para compensar esa falta de estímulo, a los 17 años comienza a realizar sus primeras fotos con una cámara prestada. En ellas ya se evidencia su talento.

Poco después, es admitido en el Atelier Ullmann, dedicado a la publicidad de productos farmacéuticos. Y comienza a trabajar en un estudio fotográfico que compra, al morir su dueño. En 1931 trabaja con el artista André Vigneau, quien le introduce en el mundo de la fotografía como arte. Y labora, como fotógrafo industrial y de publicidad, en la factoría de Renault de Billancourt, hasta que es despedido por sus repetidas ausencias. Según sus palabras, “desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo”. De los objetos inanimados pasa a las fotografías de gente en París y Gentilly.

Muy pronto, Doisneau se afilia a la Conféderation Général du Travail (CGT) y se relaciona con el Parti Comuniste Français Tras un breve paso por la agencia Rapho (Rado Photo), al estallar la II Guerra Munidal, es llamado a filas pero, con la ocupación de Francia por los nazis, vuelve a la vida civil y colabora con la Resistencia, falsificando pasaportes, permisos de trabajo, documentos para judíos, además de registrar la ocupación alemana. Son tiempos penosos en los que realiza fotografías de científicos por encargo y no deja de retratar la ocupación de París, documentando, en agosto de 1944, la liberación. Es contratado por la agencia ADEP y trabaja junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, reflejando la alegría y la jovialidad de la ciudad de París tras la desgracia.

Desde 1945, colabora con Le Point y se integra de por vida en la agencia Rapho, retratando, entre otros, a Pablo Picasso. “Mi foto –declara– es la del mundo tal y como deseo que sea”. Recorre, siempre con su cámara, Montparnasse y Saint-Germain-des-Prés donde se encuentra con Jean Paul Sartre, Albert Camus y Jean Cocteau entre otros. Es su modo de escapar del mundo artificial de “Vogue”. Recorre toda Francia y Estados Unidos con gran éxito, y se le abren las puertas en el extranjero. En 1951, expone en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Los años sesenta no son buenos para el fotoperiodismo o, al menos, para el reportaje humanista. Doisneau se gana la vida como fotógrafo comercial y publicitario, pero también experimenta con la fotografía periférica y desarrolla una cámara especial para fotografiar objetos cilíndricos o esféricos. En 1979, Claude Nori lo rescate, publicando una retrospectiva de su obra en “Tres segundos de eternidad”. En la década de 1980, recorre Asia, con exposiciones multitudinarias en Pekín, Tokio y Kioto, además de en Roma y en el Museo de Arte Moderno de Oxford.

En los últimos diez años de su vida, se produce un resurgimiento del interés del público por el reportaje humanista, por la forma sensible de ver la vida. El estilo de Doisneau comienza a ser revalorizado. “Su obra –íntima, sincera y humanista– se gana la aclamación mundial y lo convierte en uno de los artistas más admirados y apreciados de la historia de la fotografía”. Son sesenta y un años de trabajo artístico, desde el 25 de septiembre de 1932, hasta el 25 de septiembre de 1993, en que toma la última foto. Seis meses más tarde, muere, a la edad de 81 años. Al fotógrafo se le han dedicado más de un centenar de libros y varias películas. Del cartel de El beso se han vendido más de 500.000 ejemplares en todo el mundo.

Sus fotografías en blanco y negro plasman la identidad de los franceses en una Francia de la que, en mi juventud, me enamoré. Robet pasó su niñez y adolescencia en un suburbio de París. La muerte de su madre en 1919, cuando tenía apenas 7 años de edad, y la precaria situación económica que padeció con posterioridad, tal como lo señalan sus biógrafos “seguramente fueron golpes muy duros para la frágil personalidad de un niño”. Sus fotografías de niños, como las que siguen, son tiernas, espontáneas y divertidas.

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